Va de motos, trabajos e ilusiones

A principios de los 90, ganando mi primer sueldo en un supermercado y con el servicio militar ensuciando de miedo mis días, tuve mi primera moto.
En ese super estuve tres años, y por aquel entonces tenía claro que en un trabajo no debía permanecer más tiempo (ahora mismo soy incapaz de adivinar como llegué a esa conclusión). El primer año hice realidad mi primer objetivo, adquirir un ordenador (personal). Fue un Commodore Amiga 500, mío por unas 126.000 ptas. Con él, ya tenía montado mi imperio tecnológico en casa, ahora me faltaba un medio de transporte (personal). En esa tarea me ayudó mi hermano, más puesto en el tema. No recuerdo si tuve algo que ver en la elección del ciclomotor, pero finalmente la elegida fue una Suzuki DR Big.

Esa moto cubicaba 50cc pero como estaba trucada, cogía los 80Km/h de velocidad máxima. Era alta de narices y subido en ella uno se creía por encima de los demás. Fuera verdad o no, al menos se tenía una mejor perspectiva a la hora de conducir, que siempre es bienvenida. De este bonito conjunto de chatarra guardo más malos recuerdos que buenos. Malo el día que nos detuvo la policía por contaminación acústica; malos los días que llovía y la moto se negaba a arrancar; horrible el día que, tras dejar una nube blanca y apestosa parado en un paso de cebra, los demás motoristas me llamaron la atención, y yo deseé conocer la fórmula del ‘canvi de lloc instantani‘. Pero debo reconocer que la primera vez que me moví en moto por Barcelona sentí un placer fascinante, similar al que experimenté la primera vez que paseé escuchando el Walkman… esa especie de autismo, sentirte invisible, como circulando en una burbuja…

Los tres años pasaron volando, y un servidor tuvo que cumplir con la patria, madre para algunos, tocahuevos para otros. Conocedor de mis limitaciones, afronté esos nueve meses como una prueba personal, una pista americana de miedos a superar. Unos fueron derrotados, otros aun tardarían más de una década en caer sometidos…

Meses antes de partir a Jaca a vestirme de caqui, fijé mi tercer target, la que sería mi segunda moto. Siendo uno muy ahorrador, esos años de reponedor dieron para mucho. Conseguí mi querido Amiga 500, la Suzuki, un Amiga 2000, otros pequeños gastos y aun me sobró para que, al volver de hacer monerías en el ejército español, pudiera comprarme la moto de mis sueños, la Yamaha Diversion XJ 600.

Pero superar mis miedos me costó caro, muy caro… Al volver a mi hogar descubrí que me había pulido el 90% de mis ahorros. Bien, era hora de buscar un nuevo trabajo y volver a ahorrar. Lo malo es que el precio de la moto subía más deprisa que mis ahorros, y a medida que me iba acercando al valor de la moto, éste aumentaba y yo debía esperar varios meses más de ahorro, y así in eternum. Al final no tuve más remedio que optar por una moto de segunda mano.
Esta moto me aportó grandiosos momentos, sueños hechos realidad y algún que otro disgusto. Pero el resultado fue tan bueno, que casi estuve a punto de cambiarla por otra nueva y mejorada Yamaha Diversion.
Habían pasado cinco años cuando mi adorada XJ sufrió una terrible violación. Me la robaron, le provocaron desperfectos y la dejaron tirada en una cuneta. Sí, pasadas unas semanas volví a estar montado en ella, pero ya no era la misma… algo había cambiado. Corrían vientos de cambio, en efecto, y nada escapa al huracán del destino, esa voz interior que te dice por aquí, ahora debes seguir por este camino y abandonar el otro.

Como explicaba, reunir el dinero para comprar la Diversion me obligó (y mi madre también) a buscar un trabajo. Encontré laburo en una óptica, donde presté mis servicios de distintas maneras durante casi ocho años. En esa entrañable empresa familiar encontré financiación, amigos, amores, estabilidad… y un nuevo objetivo, mi siguiente moto.

Habíamos cambiado de siglo, de moneda, de gobierno y a mi me tocaba cambiar de curro y de moto. Por un lado necesitaba un trabajo que aprovechara e incentivara mi lado creativo, muy ocioso en los últimos años, y por otro un vehículo más rápido y más potente. Como tenía muy buen rollo con mi mecánico Yamaha, preferí continuar con la marca japonesa y opté por una Yamaha Fazer 600. Esta moto tenía las bondades de la Diversion (manejable, ligera, cómoda) y solucionaba la falta de potencia (pasaba de 61 a 96cv, manteniendo la cilindrada y el peso).  A mi pareja por entonces le gustaba correr, y la Fazer nos hizo disfrutar de lo lindo. Las restricciones de velocidad no eran como ahora, y se podía circular a gran velocidad sin tener que estar pendiente de radares o trampas recaudatorias similares. Recuerdo el esfuerzo que hice durante el rodaje para no pasarla de 120Km/h. Eso sí, cuando se abrió la veda… circulaba cómodamente a 160-180Km/h, e incluso llegué a ponerla a 230Km/h. Otros tiempos…
Los años fueron pasando, inexorablemente, y de nuevo, vientos de cambio.

Mis ganas de correr habían pasado, saciadas totalmente con la Fazer, mi nueva pareja me aconsejaba no pasar de 120, se fraguaba un cambio de trabajo tras otros ocho años de erótica creatividad, y mi moto empezaba a salirme muy cara con unas reparaciones que no estaba dispuesto a seguir manteniendo. Había llegado el momento de abandonar Yamaha.


Algunos malos entendidos con mi taller de toda la vida y otros talleres Yamaha, me hicieron cambiar de marca y visitar un concesionario Honda. Tenían una moto que se ajustaba como un guante a lo que estaba buscando/necesitando en ese momento. Una moto familiar, como me gusta llamarla, y unas prestaciones a nivel de comodidad y capacidad de carga superiores a la media. Con un peso de 230Kg y una potencia similar a mi antigua Diversion, tenía claro que no era una moto para correr, sino más bien un tanque, un vehículo pesado, robusto y fiable. Así es mi Honda NT700V Deauville, con sus 680cc, 65cv y más de 250Kg con carga completa. Durante cinco años ha demostrado que no me equivoqué al elegirla, y aunque su peso me ha dado más de un susto, su excelente mecánica, su preciosa línea y su impresionante presencia han llenado de satisfacción todos los días que he pasado con ella. También quisiera mencionar que a partir del segundo año empezó a sufrir pequeñas averías (pijadas) que si bien no han resultado costosas, sí me han obligado a visitar el taller con más frecuencia de la deseada. A poco más de cuatro meses de su sexto cumpleaños, se aproximan nuevos cambios. Ahora las circunstancias son otras, a parte del trabajo hay otros factores que me conducen hacía un cuarto, y probablemente último, cambio de moto.

Va a resultar difícil desprenderme de mi Deauville, tenemos una relación amor-odio muy especial (cuanto pesas jodía!! pero que bonita eres!!). Llevo varios meses dándole vueltas al tema, buscando motos alternativas, pero la moto que tengo en mente aun no existe y probablemente pasarán unos años antes de que alguien fabrique algo así (y sea asequible).
Mis necesidades a corto plazo me dictan unas características propias de un scooter, versátil, de un peso y tamaño reducidos, potencia alrededor de los 300cc, ABS y mantenimiento económico. La Honda SH300i (2011) y la Piaggio Beverly Sport Touring 350 (2012) son dos buenas candidatas.

PIAGGIO BEVERLY SPORT TOURING 350

Honda SH300 2011

Honda SH300 2011

El 2012, mayas mediante o no, será un año muy especial para mí. Un salto de gigante, tal vez el más grande de mi vida. Paternidad… pero de eso hablaré en otra entrada, pronto…

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2 pensamientos en “Va de motos, trabajos e ilusiones

  1. Hasta ahora no había podido leerme la entrada con detenimiento. Me hace gracia cómo evocas al destino para hablar de tus cambios de moto, cómo parecen ser el motor de cambio en muchos aspectos de tu vida (como tener trabajo, y este a su vez te trae nuevos amigos, amor…), y cómo a través de ellas vas expresando la evolución de tu personalidad.
    Lo del final, pues ya sabes lo que pienso, que para dar un salto antes hay que mover los pies, y que a este paso seguramente no será el 2012 el año especial, sino el 2013… Quizá tenga que apoyarte más en tu cambio de moto, para que te sientas más predispuesto a actualizar el cambio en otros aspectos… 😛
    Muac!

  2. Pingback: Paternidad | Weblog de OpenGT

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