Erase una vez una ciega y un mudito

La vida, en su natural perfección, los unió en el preciso momento en que ella deseaba ver más allá de su mundo conocido, y él comunicar más allá de su mundo interior. Así pues, comenzaron un puzzle que poquito a poco fue dibujando un nuevo mañana, lleno de esperanza y nuevas ilusiones. Como si un imán las atrajera, las piezas del puzzle fueron encajando, una tras otra, con suavidad y exactitud.
Al principio, mudito enseñaba a su compañera ciega a sentir el amor desde el silencio. Recorría su suave piel centímetro a centímetro, expresando con sus manos todo lo que sentía: acaricio tu cintura… ‘me gustas mucho’, deslizo mis dedos por tu espalda… ‘qué paz siento a tu lado’, rodeo el cuello hasta llegar a tu hombro… ‘eres preciosa’, te abrazo y pego mi cuerpo al tuyo… ‘no hay momento más perfecto que éste’. Se besaban y se descubrían, en silencio, durante horas.

Por otro lado, la hermosa ciega enseñaba a mudito a comunicarse con el mundo exterior. Con ella aprendería a ser espontáneo, a decir lo que pensaba, sin filtros; a eliminar la timidez, tan arraigada en su garganta tras años de silencio avergonzado; a cantar en voz alta y a gritar; en definitiva, a experimentar una nueva forma de libertad.
Pasadas varias semanas surgieron varias piezas que parecían no encontrar su lugar en el puzzle. Mudito y la alegre ciega las apartaron y siguieron disfrutando juntos de su aprendizaje, aunque los dos sabían que tarde o temprano esas piezas deberían encajar, o todo el puzzle se vendría abajo.
Mientras tanto, mudito empezó a experimentar un sentimiento que no había sentido jamás: celos. Le asustaba tener celos, era un estado visceral y salvaje que escapaba a su control, y no sabía exactamente qué los provocaba. Imaginó que la extraordinaria belleza de su dulce ciega era la fuente de dichos celos, y que con el tiempo acabaría controlándolos. Se sintió dichoso y no le dio más importancia al tema.
La relación avanzaba despacio, no tenían prisa y preferían caminar con paso seguro. Y aunque la mayoría de las piezas iban colocándose sin apenas esfuerzo, seguían habiendo algunas que ninguno de los dos se atrevía a encajar. Hasta que la incertidumbre que provocaba su orfandad obligó a mudito y a su compañera a afrontar la situación. Hallándose ambos en un estado de suma fragilidad emocional, decidieron dar un nuevo rumbo a su relación, con el fin de no hacerse daño y protegerse mutuamente. Acordaron no seguir construyendo el puzzle, dejarlo tal y como estaba y mantener una amistad muy especial que les permitiera, más adelante, continuar el puzzle con garantías. Los dos amigos, satisfechos con su sabia decisión, vieron en ella una maravillosa oportunidad de experimentar un nuevo tipo de relación, excitante y liberal.
Pero aquello que mudito pensó que podría controlar, volvió con fuerza y virulencia. Los celos se convirtieron en furia descontrolada, y mientras su querida ciega compartía felizmente su tiempo con otras amistades, mudito sentía algo en su interior que le quemaba y le hacía retorcerse de dolor. Angustiado y temeroso de verse sumido en la locura, decidió romper el pacto con su amada.
Estar con ella le elevaba a un estado de paz absoluta, pasaba la semana soñando con ese momento. Las horas que compartía con su adorable amiga eran el sustento del resto. La dualidad había vuelto a gobernar su vida. Su sonrisa, sus besos, sus caricias, sus jerséis a rayas, su voz, sus pequeñas manos, su olor, su dulzura… Ella era el motor de su vida.
De repente lo entendió todo. Estaba enamorado. El pacto de amistad no fue más que un medio inconsciente para poder seguir viéndola, y los celos gritaban con fuerza lo que el corazón necesitaba.
Un compromiso.
Desde el principio ninguno de los dos quiso comprometerse, y avanzaron, uno apoyándose en las excusas del otro, hacia la nada, hasta quedarse ciegos y sin palabras.

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Un pensamiento en “Erase una vez una ciega y un mudito

  1. me parece buena la historia de esas dos personas poder compartir tantas cosas sin tener que decir ni una palabra… que todo fluya sin preocupaciones y que le da uno a entender que para conocer a otra persona no hay necesidad de tantas palabras si no que todo salga por natural… si se siente algo en realidad

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