Quejas de un ciudadano molesto

El 12 de mayo de 2009 anunciaron unas obras en mi calle. Siempre me ha parecido curioso como llamamos al tramo de calle que va de una travesía a otra, y que da acceso al portal de nuestra vivienda. Mi calle. Como si fuera nuestra y de nadie más, como si tuvieramos algún poder sobre ella. Quedamos en mi calle a las doce, están arreglando mi calle, nos hemos quedado sin luz en mi calle… Pues desde hace tres meses, mi calle está en obras.
Vivo en un piso de alquiler, y el primer día que lo vi la dueña me hizo un par de comentarios.
El primero fue:

— He oído que igual hacen la calle peatonal.

Eso fue en enero, y cinco meses más tarde vi el cartel anunciando el comienzo de unas obras. Todo empezó muy deprisa, cortaron la calle al tráfico, ya no se podía aparcar y habían retirado los contenedores de la basura.
La primero que pensé fue que mi casera tal vez estaba en lo cierto y que las inminentes obras convertirían la calle en una zona peatonal. Pero siendo esta calle un canal directo a un conocido centro comercial, tenía mis dudas. Poco después me aclararon que lo único que iban a hacer era ensanchar las aceras. Eso tenía más lógica. En fin, pronto vería el nuevo look de la calle, el tramo no mide más de 200 metros y si sólo tenían que tocar las aceras…

El segundo comentario de la dueña del piso fue:

— Esto está previsto que lo quiten.

Y con esto, se refería a:

DSC04090 Tendido eléctrico Tendido eléctrico - derecha

El tendido de la luz, bien visible, en estado ‘mírame y no me toques’ y a poco más de un metro del balcón. La situación del apósito podría resumirse de la siguiente manera:

— Su frágil estado transmite inseguridad, tanto a los vecinos de los balcones colindantes como al peatón que se percata de tal engendro.
— Es antiestético y desagradable a la vista.
— Es un claro ejemplo de dejadez por parte de la compañía eléctrica.
— A pesar de haber varias fincas nuevas en ese tramo de calle, ese tendido eléctrico da a los vecinos la impresión de estar viviendo en el pasado o en una ciudad de un país tercermundista.

Iluso de mí, al comienzo de las obras se me pasó por la cabeza que al levantar toda la acera, aprovecharían para enterrar esos cables y dar un aspecto limpio y actual a la calle. Fueron pasando las semanas. Llenaron nuestras casas de polvo todos los días, a las 8 de la mañana empezaba el ruido infernal de las taladradoras (que se detenía 45 minutos después, hora del almuerzo supongo…), para entrar en el portal había que saltar una señora zanga, la faena era mía para sacar y entrar la bici, para ir al trabajo tenía que trasponer cuatro calles atrás debido al corte de tráfico, los contenedores de basura estaban ahora más lejos, habían desaparecido valiosísimas plazas de parking, etc.

Llevan más de tres meses y todavía no han acabado. Eso sí, los cables siguen donde estaban. Si algún día se les ocurre enterrarlos, pues ya levantarán la acera de nuevo. Así habrá quien cobre dos veces por el mismo trabajo. Y todo por una falta de previsión y/o comunicación entre Endesa y el Ayuntamiento del distrito.
En definitiva, otro despropósito gestado por los lumbreras de turno, acomodados dirigentes de compañías eléctricas, de telecomunicaciones y del Ayuntamiento pertinente, entre otros.

Vivo en Hospitalet de Llobregat, la segunda ciudad por número de habitantes de Cataluña, y la 16 de España, y a veces creo que vivo en un pueblo perdido de la mano de Dios…

PD: he buscado por Internet fotos de calles de pueblos de España, con la intención de encontrar despropósitos similares, y tras quince páginas he desistido… no he visto nada igual!

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Cambiando de tema, aunque sin abandonar el desamparo que sufre a diario el ciudadano, hará unas dos semanas se me ocurrió abrir una reclamación a mi proveedor de Internet, ya que me estaba ofreciendo una velocidad bastante más baja (la mitad) que la pactada en el contrato. Y su respuesta fue clara y lapidaria:

— En el estado en que se encuentra la línea telefónica que llega hasta su casa, no puede disponer de más velocidad que la actual.

Y se acabó la discusión. No me ofrecieron ninguna solución, ni cambiar el par, ni cambiar el cable telefónico, ni revisar las instalaciones… nada. “Usted no merece ni la más mínima inversión por nuestra parte”, esa fue la sensación que me dió.

Vivo a cinco minutos (andando) de Barcelona, como muchos saben, una de las ciudades más privilegiadas en inversión de las telecos, y a veces creo que vivo perdido en lo alto de una montaña…

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