Nacer entre susurros

Cuando era pequeño, recuerdo que habían momentos en los que al escuchar la voz grave y profunda de algún adulto, se me erizaba la piel y me invadía una sensación repentina de confort y tranquilidad. No sabía explicar porqué sucedía, ni porqué con unos sí y otros no, simplemente ocurría, como por arte de magia.
Fueron pasando los años y afortunadamente esa sensación no desapareció, se mantuvo y hoy día sigo disfrutándola más que nunca, con la ventaja que conlleva ser consciente de su existencia.
Hoy, sin ir más lejos, he vuelto a sentirla. Ha sido en el trabajo, junto a una compañera que tenía un problema con el ordenador. He bajado a ayudarla, me he sentado a su lado y la he guiado a través de unos sencillos pasos para intentar averiguar el origen del problema. No he tardado en empezar a sentir esa maravillosa sensación.

Su voz, cálida, pausada, educada… sus movimientos lentos, precisos… su rostro, comprensivo, paciente… de pronto, como una niebla invisible, una paz extraordinaria se adueña de mi. Todo lo que nos envuelve va desapareciendo, otras voces, el sonido del teléfono, la fotocopiadora, unas risas, como si una burbuja nos aislara del resto del mundo, mi atención recae únicamente en ella y en ese momento. Entro en un trance, se me pone la piel de gallina y siento un hormigueo por todo mi cuerpo. Mi actividad corporal y mental bajan al mínimo, apenas puedo seguir dándole instrucciones, me quedo absorto mirándola manejar el ordenador, los clics del ratón son como latidos, suaves, largos… su voz manipula mi piel, subiendo y bajando la intensidad del hormigueo.
Soy consciente del momento, siento una paz inmensa… la seguridad de la burbuja me relaja, el sonido lejano y apagado del mundo me acuna, yo he vivido esto antes… en el vientre de mi madre.

paz

A veces me pregunto si esa sensación traspasa los límites físicos, si hay algo que nos une, que nos conecta, eso que muchos describen como luz y amor. Si lo que siento en ese momento intenta mostrarme la verdadera naturaleza del ser humano, más allá de lo que vemos con nuestros ojos. Tal vez el hormigueo no sea más que energía queriendo romper la realidad, en busca de esa fuente cercana de puro amor, esa luz que me llama, entre susurros, a nacer de nuevo.

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Un pensamiento en “Nacer entre susurros

  1. Acabo de descubrir tu rincón reflexivo y reconozco que me ha gustado. Este post, sin ir más lejos, me ha parecido muy original y contagia algo especial.

    Un saludo.

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