Compact

Corría el año 2012, recién estrenada la Era de Acuario, el hombre iba a cometer una nueva atrocidad, digna de entrar en la lista de ACTOS QUE JAMAS DEBERIAN COMETERSE.
El Dr. William Walt Wolfstein tenía una familia modélica, formada por su bella y encantadora mujer Lilian, su preciosa hija Sarah y un perro, el único que no llevaba su sangre, pero como si lo hiciera. Stud era un pastor alemán que durante los doce años que vivió, prestó a sus amos protección, cariño y compañía. A su muerte, toda la familia quedó desolada, tanto por el amor que sentían por el animal como por lo inesperado de su muerte. Una lluviosa mañana de otoño Stud apareció muerto en la carretera, tumbado de forma aparatosa y sobre un enorme charco de sangre que la lluvia se encargó de esparcir por todo el asfalto. No sufrió, el golpe fue severo y su muerte instantánea, pero eso no ayudó mucho a la familia, quienes eran incapaces de asimilar su marcha.
Acostumbrados a vivir con la inseparable compañía de Stud, el Dr. Walt empezó a estudiar la opción de la disecar al animal. Sarah no paraba de llorar y tal vez si tenía acceso al perro, aunque fuera a modo de estatua, se calmaría. A la niña pareció hacerle gracia la idea. Tenía una muñeca llamada Sew que según la posición que estaba decía unas frases u otras. Además incorporaba un mecanismo de reconocimiento facial que le permitía escoger una frase en relación a la persona que tuviera delante. Pero lo que más le gustaba a Sarah de esa muñeca eran sus ojos, de una expresividad increíble para ser sólo un juguete y de su capacidad de seguirte con la mirada, allá donde fueras. Le gustaba colocar a Sew en el escritorio, de forma que tuviera acceso visual a toda su habitación. Y cuando Sarah se movía, Sew la seguía con los ojos moviendo la cabeza si era necesario, aunque con un límite, tampoco era cuestión de añadir un toque demoníaco a la muñeca.
Así pues, con la idea de aliviar el dolor a su hija y no renunciar completamente a Stud, el Dr. Walt empezó a trabajar en una nueva forma de disecación animal.
Dada la abultada experiencia que el Dr. Walt tenía en la medicina forense, no tardó mucho tiempo en obrar el milagro. En tan solo un mes de duro trabajo, consiguió disecar a Stud y mantener intacta su capacidad ocular, permitiéndole mover los ojos y pestañear. Tal atrocidad llenó de sosiego y tranquilidad a su amada hija, la cual podía seguir acariciando a su querido perro y sentirlo vivo gracias a su atenta mirada, igual que Sew. Incluso se le ocurrió subir a la muñeca a lomos de Stud, así eran cuatro los ojos que la observaban. Pero no contento con tal aberración, el Dr. Walt decidió publicar su trabajo en una prestigiosa revista de ciencia.
El mundo enteró conoció la existencia de Stud, el perro muerto pero no tanto, y la comunidad científica empezó a hacer preguntas. Los abogados del Dr. Walt le recomendaron patentar el invento, cuya fama empezaba a llamar al dinero de forma alarmante. El trabajo realizado sobre Stud fue bautizado como Compact.
Compact era una disecación como otra cualquiera, solo que la parte del cerebro que controla la visión se mantenía activa. El Dr. Walt incorporó un conducto que comunicaba el exterior con el cerebro, a través del cual inyectaba un suero que mantenía vivo ese trozo en particular y alimentaba a los ojos.
Un año más tarde, la humanidad cometía el error de convertir el Compact en algo habitual, enterrar a tu mascota ya no se llevaba, lo más cool era tenerlo en el salón, tieso pero atento a tus movimientos, con su despierta mirada siguiéndote como lo hacia antes de que falleciera.
La Era de Acuario prometía hacernos más humanos, pero todo parecía indicar lo contrario.

Obviamente hubo un colectivo, basado en creencias religiosas y con un mínimo de sentido común, que se opuso firmemente al nuevo entretenimiento post mórtem, pero las empresas farmacéuticas generaban tal cantidad de dinero y tenían tanto poder, que no fue complicado ganarse el favor de los políticos, los cuales aprobaron el proyecto Compact rápidamente. Se crearon nuevos centros veterinarios con el Compact como mayor reclamo. Disecar a tu mascota con el método del Dr. Walt no era barato, costaba mucho dinero y sólo las familias mejor situadas podían permitírselo, pero con la llegada de esos nuevos centros, se abrieron nuevas posibilidades de financiación, y Compact llegó a todo el mundo. Al comprar un animal en un centro Compact, podías empezar a pagar su posterior disecación en cómodos plazos, como antiguamente había hecho el ser humano con los servicios funerarios.
Pero como el resto de cosas en esta era de prisas, todo pasa muy rápidamente y tras seis años del renacimiento de Stud, la empresa que el Dr. Walt fundó para el estudio y perfeccionamiento del método Compact, Stud Walt Corporation, empezó a ampliar horizontes.

Cuando parecía que el ser humano no podía hacerla más gorda, a un lumbreras podrido de dinero se le ocurrió que podía aplicar el Compact a su recién fallecido padre, el Sr. Wallace McNulty. Se puso en contacto con la corporación Stud Walt y con un cheque de incontables ceros sobre la mesa, propuso el primer Compact humano.
Y a modo de inauguración del año 2020, número simpático donde los haya, y tras superar un sinfín de obstáculos éticos y financieros (hubo que untar a mucha gente), el honorable Sr. Wallace McNulty fue trasladado a su mansión, vestido con su traje preferido, sentado en su silla preferida y con un puro de su marca preferida entre los dedos. Y allí iba a quedarse por muchos años más, muerto, disecado y con los ojitos moviéndose como el primer día. Sus nietos y bisnietos podrán disfrutar del abuelito Wallace siempre que lo deseen, incluso sentarse en sus rodillas a leer, a ver la tele o a comerse la merienda en compañía del yayo. Todo gracias a la maravilla del Compact.
Tan solo debían recordar inyectarle el suero por el agujero del cráneo cada noche, antes de ir a dormir, como quien da de comer a los peces.

Año 2024, toda causa tiene su efecto.
Silenciosamente, sin olor, sin color, se fue propagando por todo el planeta. Nadie lo percibió, pero un invisible gas se escapaba de todo aquel animal o ser humano que hubiera sido tratado con el método Compact. El suero que se inyectaba a través del conducto craneal provocaba una reacción en el cerebro (o lo que quedaba de él), y pasado un tiempo empezaba a desprender un gas imperceptible. A medida que los Compact crecían en número, el gas se extendía con mayor celeridad. Habían pasado ya doce años desde que la pequeña Sarah dejara de llorar la muerte de su querido Stud, y el gas había llegado a meterse en todas las cosechas y animales del planeta. Poco a poco se fue gestando un nuevo y letal virus provocado por el gas, que en cuestión de meses acabaría con todo ser vivo. La primera versión del virus fue encontrada en los guisantes. Una vez instalado en el ser humano, fue mutando a versiones cada vez más agresivas y a una velocidad incontrolable, fue diezmando la vida terrestre. Plantas, animales, hombres… todo perecía bajo el contagio de la mutación.
Nada se pudo hacer, el virus había nacido de la última de las atrocidades del ser humano, y con él acabaría todo. No tendríamos una segunda oportunidad, no cabría la posibilidad de remediar el mal ocasionado, no habrían más barbaridades que cometer, puesto que no quedaba nada vivo en el planeta.

Tal vez, siglos más tarde, otra especie habitará la Tierra y estudiará, tal y como hicimos con Marte, si algún día hubo vida en el planeta.
Sí, la hubo, pero la codicia, la avaricia, la falta de ética y el egoísmo de la humanidad la destruyó completamente.
Jugamos a ser dioses, y ya no hubo con quien jugar…

desolacion

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