Acabo de tener un sueño

Son las 5 de la mañana, me acabo de despertar de un sueño raro, fascinante y precioso.

Estaba cumpliendo el servicio militar. Con cierta dificultad para encontrar mi petate con la ropa, finalmente conseguía vestirme y prepararme para una salido en moto. No sabía donde íbamos ni para qué, sólo que debía seguir a la moto de delante. Llovía, pero los inmensos pneumáticos de la moto del ejército me daban mucha seguridad. Salimos del cuartel a toda prisa, secando la carretera a nuestro paso y conduciendo de una manera casi temeraria. En más de una vez tuve que hacer una maniobra arriesgada para poder seguir a mi compañero, quien sabía perfectamente a donde se dirigía. Cogimos una salida de la autopista para entrar en un pueblo. Callejeando entre estrechas calles con aquellas enormes motos nos adentramos en la parte más tranquila del pueblo. Al detenernos, recordé aquel sitio. Había un bar donde alguna vez me paré a tomar algo… Y de repente el sueño cambió de rumbo. Ya no estaba vestido de caqui, ya no seguía a nadie, ahora estaba haciendo una ruta en moto visitando lugares que conocí durante la mili. Lo curioso es que el viaje era un viaje a ciegas, no sabía a donde iba hasta que, a falta de una manzana, recordaba a donde me dirigía. Y era genial… poco antes de llegar ya empezaba a recordar detalles, los adoquines de la calle, esa tienda de la esquina, incluso la luz colándose entre las esquinas, todo me era familiar. Mi última parada era un bar de un pueblecito encantador. Hacía esquina y tenía unas mesas en la terraza. Recordé haber estado allí antes, y la sensación del reencuentro fue muy gratificante. Seguí caminando por el porche, atravesando la hilera de mesas, y a medida que dejaba atrás el bar me envolvía una paz muy especial, un silencio mágico. En la esquina este del bar había un jardín precioso, lleno de flores de mil colores.

Y allí estaba Merche, justo en medio, con los brazos extendidos como si quisiera fundirse con las flores. Abrió los ojos, me miró y gritó:
– Corre, ven, prueba esto!!! Pon los brazos así, es increible!!!
Tenía sus manos llenas de insectos, moscas, abejas, hormigas… Me acerqué muy despacio sin parar de mirarla. Tenía un aspecto muy juvenil, no más de 20 años, todavía faltaban unos 10 años para que nos viéramos por primera vez en mis clases de inglés, pero allí estaba, hablándome como si me conociera de toda la vida… Me acerqué a ella con los brazos extendidos, sitiendo la caricia de las flores en mis manos, escuchando el viento que las agitaba suavemente, disfrutando del placer de cada paso en aquel maravilloso lugar…

Y desperté. Jamás conducí una moto en la mili, ni visité ningún pueblo de los que había visto en el sueño, ni recuerdo el bar bajo el porche y el parque lleno de flores. Hacía tan solo unos segundos todo eso era un recuerdo claro, lleno de detalles y que evocaba momentos pasados de mi vida… pero ahora me pregunto… ¿de qué vida?

Es realmente fascinante tener un sueño de este tipo. No es el primero que tengo, pero siempre me sorprenden. Sueño algo muy preciso, tan preciso que si no hubiera estado ahí, no tendría tanta información sobre ello, pero al despertar, me doy cuenta que nunca he estado en ese lugar. Y mi sueño se convierte en el recuerdo de un recuerdo de alguien que no soy yo.

flores

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