Meditar

Esta semana he estado muy triste y me he sentido muy solo.
Lo peor de mi nueva situación de soltero no es la soledad, sino la sensación de que nadie me quiere a su lado. Y no me refiero a familiares y amigos, ellos siempre están dispuestos a pasar un buen rato en tu compañía, hablo de alguien que realmente desee estar a tu lado, que te entregue su vida entera, su tiempo, su espacio. Y esta semana me ha faltado eso.

Tengo miedo de que la soledad me convierta en una persona diferente, en un ser insociable, preso de mis hobbies, sin salir de casa, con la autoestima por los suelos y lo que es más importante, sin sentimientos.

Ayer noche vi una película, Camino, de Javier Fresser. De entre las más de 50 películas que tengo pendientes de ver, escogí esa… nada es por casualidad. Las dos horas y cuarto que duró se me pasaron volando, sintiendo durante su metraje una mezcla de rabia y fascinación provocadas por una fe a Dios llevada al absurdo y una muestra de amor infinito admirable.

Cuando acabó me fui a la cama y pensé en meditar un rato, hacía mucho tiempo que no meditaba y me apetecía hacerlo. Pero la película me había conmovido y no tenía sueño, así que decidí empaquetar un puñado de monedas que días antes había sacado de mi hucha con forma de hipopótamo. Pasé una media hora colocando monedas de 1C, 2C y 5C en los portamonedas de plástico, mientras canalizaba la rabia provocada por la película. La impotencia que sintió el padre de la protagonista tras perder a sus tres hijas, dejándolas marchar ‘porque Dios así lo ha querido’ es un plato difícil de digerir si no se tiene una fe ciega.

El dinero y la rabia dejaron paso a la segunda parte de la meditación. Luces apagadas, mantra Devi Prayer de Craig Pruess, manos en el chakra del corazón y punto de ombligo… silencio. En algo más de media hora me encontraba en la paz más absoluta. Había dejado atrás la rabia, el dolor de la pérdida, la sensación de soledad y la tristeza. Tan solo debía escuchar, concentrarme en mi corazón y escuchar. Y allí estaba, el amor infinito que Camino me había mostrado en la película era la respuesta. La tristeza que había sentido durante toda la semana, la soledad… todo estaba provocado por la falta de amor. Esta semana había esperado recibir amor, y al no recibirlo se me olvidó darlo. La respuesta a mi dolor era el amor incondicional, ese que se da sin esperar nada a cambio. Sentí que me llenaba de energía y que me envolvía la luz, mi luz, mi yo más profundo, la persona que quiero ser y siempre he sido. Me reconfortaba la idea de relacionarme, de estar rodeado de gente, de darles amor, de sonreirles, de escucharles. Deseé que mi luz saliera de las paredes de mi habitación y llegara lejos, que abrazara a cuanta más gente mejor… Y me quedé dormido, arropado por su calidez, acunado por la preciosa melodía del mantra.meditation

Quince minutos más tarde me desperté escuchando el piano de Bill Douglas. Dejé que acabara la canción y me volví a dormir.
Mañana será un maravilloso día, lleno de luz y amor, veré a mi familia y me prepararé para comenzar una nueva semana que seguro, no tendrá nada que ver con la que he dejado atrás.

Satnam.

Gracias a Mahan Kirn Kaur, por ser mi maestra y mi luz en días de oscuridad.

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