Sencillamente… genial!

Me ha encantado este vídeo, y es que los gatos son realmente divertidos, lo digo por experiencia. Son monísimos, muy cariñosos (cuando quieren) y jugar con ellos es no parar de reir.

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Una de sexo

Escribir sobre sexo no es fácil. Casi sin darte cuenta y habiendo escrito tan sólo diez palabras, puedes caer en la vulgaridad, en el lenguaje sucio y soez que usamos cuando hablamos de sexo. No quiero eso. Podría contaros mi historia en cinco líneas y quedarme tan ancho. Pero mi intención es haceros partícipes de mi experiencia desde un punto de vista interior, porque como mucha gente dice, el sexo es mental.

Hace siete años empecé a trabajar en una distribuidora/productora de cine para adultos. Que el producto con el que fuera a trabajar fuera porno me tenía sin cuidado, la verdad es que no le di mucha importancia. Me apetecía un cambio laboral, las tareas ofimáticas que realizaba por aquel entonces se habían vuelto tediosas y monótonas. El nuevo trabajo prometía nuevos retos y el uso de aplicaciones gráficas y de diseño que había tocado por encima pero que ahora podría aprender en profundidad.
Empecé mi aprendizaje con el diseño de una web de contenido gay. Ya entonces me di cuenta que mi aprendizaje sería doble. Por un lado el profesional, por el hecho de construir una web desde cero, creando la estructura y añadiendo el contenido (fotos, vídeos, biografías…). Pero por otro lado debía aceptar lo que estaba viendo. Soy heterosexual y nunca había visto sexo entre hombres, aquello era nuevo para mí. Pasados unos meses, el sexo gay ya no tenía ningún misterio, había visto de todo, desde lo más convencional a lo más salvaje y bizarro. Es más, el convencional ya me aburría y cuanto más raro era lo que veía, más me entretenía. Recuerdo que las más divertidas fueron las Link, del maestro Chi Chi LaRue.
Aceptar con tanta naturalidad aquel tipo de material me condenó para el resto de mis días en la empresa.

Tras el sexo gay llegaron los travestis, luego la zoofilia, más tarde las pelis de viejos con jovencitas, las de jovencitos con viejas, las embarazadas, los enanos, etc…
Todo fue admitido, entendido y absorbido por mi mente. O casi todo. La práctica del sexo con animales no fui capaz de entenderla. No creo que los hombres y mujeres que actuaban en esas películas disfrutaran de su trabajo, más bien lo veo como una salida desesperada a una situación económica complicada, muy complicada. Y qué decir de los animales… si a un perro o una oveja tienes que sedarlo para que no salga corriendo, será que el animal no está de acuerdo con lo que le van a hacer. Pero qué importa eso, es sólo un animal, indefenso y sin voz ni voto. En fin, siempre me ha parecido un acto denigrante y detestable.

Esto es sólo la punta del iceberg
Lo visto hasta ahora me puede parecer más o menos interesante, pero no me afecta en mi vida cotidiana (quitando algunas escenas impactantes con los pobres animales, que me dejaban tocado durante unas horas). El problema era el cine heterosexual.
Los hombres ya de por sí tenemos la libido alta. No necesitamos gran cosa para ponernos cachondos. Mi signo del zodiaco es aries y mi dosha predominante es pitta. Fuego, fuego y más fuego. Desprendo mucho calor, soy una estufa donde arrimarse en invierno y alguien a quien mantener a cierta distancia durante el verano. Mi fuego sexual se enciende enseguida, a veces creo que desciendo de la raza de monos bonobo.
Mi mujer es muy atractiva, con un cuerpo guitarrero muy del estilo Playmate. Súmale a eso que me paso casi ocho horas al día viendo porno.


Obviamente mi mujer no podía satisfacer mis necesidades de mono bonobo. No era saludable físicamente y era muy nocivo para nuestra relación de pareja.
Con el tiempo, mis deseos de sexo dejaron de ser naturales. Poco a poco se convirtieron en una salida a los constantes inputs sexuales que recibía. Mis compañeros me repetían una y otra vez que ellos habían conseguido no pensar en sexo mientras veían una película porno, sólo veían imágenes con las que trabajar. Han pasado más de siete años y hoy día sigo sin poder permanecer inalterable ante un vídeo porno. Me afecta, me enciende, mi fuego brota y me anula. Llega un momento del día en el que el fuego no desaparece, arde y arde sin parar… hasta que lo apago. Sólo un orgasmo puede apagarlo.

¿Qué pasa si no lo apago?
Mi humor cambia, estoy tenso, cargo con algo invisible a mis espaldas, una carga que debo eliminar. Necesito a mi mujer, ella no me necesita ahora; necesito intimidad, no la tengo, pasa otro día y me voy a dormir… la carga mañana será más pesada.
Mi percepción de las mujeres también cambia. Paseo por la calle, me rodea todo tipo de gente, pero las mujeres… son bocanadas de viento que avivan mi fuego, han dejado de ser lo que realmente son para convertirse en fantasías inventadas por mi pesada carga. La chica de la zapatería me enseña sus preciosas piernas, la sudamericana de amplio escote se ajusta el sujetador al pasar junto a mi, la adolescente de ropa atrevida me mira, tal vez buscando un maestro que la inicie, esas dos amigas parecen dispuestas a montarse un lésbico para mi deleite. El mundo femenino aparece desfigurado antes mis ojos. Mi mente arde controlada por el sexo, por el martilleo del día a día en una empresa dedicada al porno.
El sexo ya no es sensual, las caricias están de más. Sólo importa el sexo físico, el acto sexual es una obra de teatro, siempre la misma representación, el mismo dialogo y el mismo orden. Sólo importa el final, acabar con el fuego que me consume y no me deja pensar con claridad.

¿Y ahora qué?
Ha pasado poco tiempo, como el viajero que mira atrás y todavía puede vislumbrar el campanario de la iglesia del pueblo que acaba de abandonar, miro atrás y todavía veo porno. Aquel famoso niño, en ocasiones veía muertos, yo, en ocasiones, todavía veo porno. Pero seguro del nuevo camino que he tomado, empiezo a valorar mi experiencia desde el interior. El fuego ha cesado, tan solo quedan brasas, y empiezo a ver con claridad las hojas de este capítulo de mi vida.

Debo buscar respuestas. ¿Por qué dejé que el sexo tomara el control de mi mente?, ¿cuánto tiempo pasará hasta que su efecto desaparezca?, ¿qué clase de prueba vital ha sido esta?, ¿estar cuerdo y con mi mujer todavía en casa significa que la he superado? Si encuentro las respuestas, tal vez me anime a publicarlas.

Mis inicios en el New Age

Corría el año 1989, eran las tres y pico de la tarde y mi hermano y yo hacíamos zapping en la radio buscando algo de buena música. Entre tanto ruido estridente y locutores cansinos encontramos algo especial, un tipo de música que no habíamos oído antes. Parecía oriental, y un instrumento de viento producía una melodía absorvente e hipnótica. Las notas melancólicas daban paso a una percusión profunda y espectacular, todo ello acompañado de una locución sobre la historia de Japon. Aquella música nos marcó para siempre.

Tiempo más tarde conseguimos montar el rompecabezas:

– La música pertenecía a Kitaro y el álbum era Kojiki
– Sonaba en un programa de radio llamado Dialogos 3
– La voz en off era de Ramón Trecet, director y presentador del programa

El descubrimiento de Kitaro fue sólo el principio, luego vinieron Himekami, Jon Mark, Bill Douglas, Yanni, George Winston, Suzanne Ciani, David Lanz, Ray Lynch y muchos más.
Hoy quiero recordar a los tres primeros y recomendaros encarecidamente que prestéis atención a sus discografías, no os defraudarán:

HIMEKAMI

Lista de albums

BILL DOUGLAS

Lista de albums

JON MARK

Lista de albums

Brothers in arms

La semana pasada me hice con dos recopilatorios de música que contienen canciones importantes en mi vida. Algunos consideran esas canciones como la banda sonora de su vida, ya que traen consigo imágenes más o menos claras de momentos claves de su vida, que parecen olvidados hasta que suena la canción y surgen a chorro esos recuerdos… y entonces llega el momento de contar batallitas.

Por un lado tenemos a Michael Jackson – King of Pop y por otro a Dire Straits Forever Gold.
Pero de todos los temas que contienen esos albums, el que más me gusta es Brothers in Arms, de Dire Straits. Escuchar esa canción es abrir una caja llena de recuerdos maravillosos, entrar en un trance profundo del que no querría salir, sentir orgasmos emocionales. Pocas canciones me han acompañado tanto tiempo y me han hecho sentir tantas cosas. Mark Knopfler, eres un genio.

La mejor versión que he escuchado de Brothers in Arms está incluida en el álbum On the Night. Os dejo el enlace en YouTube para que la disfrutéis:

Esta versión también es buenísima, pertenece al concierto Mandela Live de 1988. Lleva subtítulos en inglés, para que sigáis la letra (We’re fools to make war On our brothers in arms):