Quejas de un ciudadano molesto

9 Agosto 2009

El 12 de mayo de 2009 anunciaron unas obras en mi calle. Siempre me ha parecido curioso como llamamos al tramo de calle que va de una travesía a otra, y que da acceso al portal de nuestra vivienda. Mi calle. Como si fuera nuestra y de nadie más, como si tuvieramos algún poder sobre ella. Quedamos en mi calle a las doce, están arreglando mi calle, nos hemos quedado sin luz en mi calle… Pues desde hace tres meses, mi calle está en obras.
Vivo en un piso de alquiler, y el primer día que lo vi la dueña me hizo un par de comentarios.
El primero fue:

— He oído que igual hacen la calle peatonal.

Eso fue en enero, y cinco meses más tarde vi el cartel anunciando el comienzo de unas obras. Todo empezó muy deprisa, cortaron la calle al tráfico, ya no se podía aparcar y habían retirado los contenedores de la basura.
La primero que pensé fue que mi casera tal vez estaba en lo cierto y que las inminentes obras convertirían la calle en una zona peatonal. Pero siendo esta calle un canal directo a un conocido centro comercial, tenía mis dudas. Poco después me aclararon que lo único que iban a hacer era ensanchar las aceras. Eso tenía más lógica. En fin, pronto vería el nuevo look de la calle, el tramo no mide más de 200 metros y si sólo tenían que tocar las aceras…

El segundo comentario de la dueña del piso fue:

— Esto está previsto que lo quiten.

Y con esto, se refería a:

DSC04090 Tendido eléctrico Tendido eléctrico - derecha

El tendido de la luz, bien visible, en estado ‘mírame y no me toques’ y a poco más de un metro del balcón. La situación del apósito podría resumirse de la siguiente manera:

— Su frágil estado transmite inseguridad, tanto a los vecinos de los balcones colindantes como al peatón que se percata de tal engendro.
— Es antiestético y desagradable a la vista.
— Es un claro ejemplo de dejadez por parte de la compañía eléctrica.
— A pesar de haber varias fincas nuevas en ese tramo de calle, ese tendido eléctrico da a los vecinos la impresión de estar viviendo en el pasado o en una ciudad de un país tercermundista.

Iluso de mí, al comienzo de las obras se me pasó por la cabeza que al levantar toda la acera, aprovecharían para enterrar esos cables y dar un aspecto limpio y actual a la calle. Fueron pasando las semanas. Llenaron nuestras casas de polvo todos los días, a las 8 de la mañana empezaba el ruido infernal de las taladradoras (que se detenía 45 minutos después, hora del almuerzo supongo…), para entrar en el portal había que saltar una señora zanga, la faena era mía para sacar y entrar la bici, para ir al trabajo tenía que trasponer cuatro calles atrás debido al corte de tráfico, los contenedores de basura estaban ahora más lejos, habían desaparecido valiosísimas plazas de parking, etc.

Llevan más de tres meses y todavía no han acabado. Eso sí, los cables siguen donde estaban. Si algún día se les ocurre enterrarlos, pues ya levantarán la acera de nuevo. Así habrá quien cobre dos veces por el mismo trabajo. Y todo por una falta de previsión y/o comunicación entre Endesa y el Ayuntamiento del distrito.
En definitiva, otro despropósito gestado por los lumbreras de turno, acomodados dirigentes de compañías eléctricas, de telecomunicaciones y del Ayuntamiento pertinente, entre otros.

Vivo en Hospitalet de Llobregat, la segunda ciudad por número de habitantes de Cataluña, y la 16 de España, y a veces creo que vivo en un pueblo perdido de la mano de Dios…

PD: he buscado por Internet fotos de calles de pueblos de España, con la intención de encontrar despropósitos similares, y tras quince páginas he desistido… no he visto nada igual!

adsl20mb

Cambiando de tema, aunque sin abandonar el desamparo que sufre a diario el ciudadano, hará unas dos semanas se me ocurrió abrir una reclamación a mi proveedor de Internet, ya que me estaba ofreciendo una velocidad bastante más baja (la mitad) que la pactada en el contrato. Y su respuesta fue clara y lapidaria:

— En el estado en que se encuentra la línea telefónica que llega hasta su casa, no puede disponer de más velocidad que la actual.

Y se acabó la discusión. No me ofrecieron ninguna solución, ni cambiar el par, ni cambiar el cable telefónico, ni revisar las instalaciones… nada. “Usted no merece ni la más mínima inversión por nuestra parte”, esa fue la sensación que me dió.

Vivo a cinco minutos (andando) de Barcelona, como muchos saben, una de las ciudades más privilegiadas en inversión de las telecos, y a veces creo que vivo perdido en lo alto de una montaña…


Nacer entre susurros

6 Junio 2009

Cuando era pequeño, recuerdo que habían momentos en los que al escuchar la voz grave y profunda de algún adulto, se me erizaba la piel y me invadía una sensación repentina de confort y tranquilidad. No sabía explicar porqué sucedía, ni porqué con unos sí y otros no, simplemente ocurría, como por arte de magia.
Fueron pasando los años y afortunadamente esa sensación no desapareció, se mantuvo y hoy día sigo disfrutándola más que nunca, con la ventaja que conlleva ser consciente de su existencia.
Hoy, sin ir más lejos, he vuelto a sentirla. Ha sido en el trabajo, junto a una compañera que tenía un problema con el ordenador. He bajado a ayudarla, me he sentado a su lado y la he guiado a través de unos sencillos pasos para intentar averiguar el origen del problema. No he tardado en empezar a sentir esa maravillosa sensación.

Su voz, cálida, pausada, educada… sus movimientos lentos, precisos… su rostro, comprensivo, paciente… de pronto, como una niebla invisible, una paz extraordinaria se adueña de mi. Todo lo que nos envuelve va desapareciendo, otras voces, el sonido del teléfono, la fotocopiadora, unas risas, como si una burbuja nos aislara del resto del mundo, mi atención recae únicamente en ella y en ese momento. Entro en un trance, se me pone la piel de gallina y siento un hormigueo por todo mi cuerpo. Mi actividad corporal y mental bajan al mínimo, apenas puedo seguir dándole instrucciones, me quedo absorto mirándola manejar el ordenador, los clics del ratón son como latidos, suaves, largos… su voz manipula mi piel, subiendo y bajando la intensidad del hormigueo.
Soy consciente del momento, siento una paz inmensa… la seguridad de la burbuja me relaja, el sonido lejano y apagado del mundo me acuna, yo he vivido esto antes… en el vientre de mi madre.

paz

A veces me pregunto si esa sensación traspasa los límites físicos, si hay algo que nos une, que nos conecta, eso que muchos describen como luz y amor. Si lo que siento en ese momento intenta mostrarme la verdadera naturaleza del ser humano, más allá de lo que vemos con nuestros ojos. Tal vez el hormigueo no sea más que energía queriendo romper la realidad, en busca de esa fuente cercana de puro amor, esa luz que me llama, entre susurros, a nacer de nuevo.


Cuando la veo…

27 Mayo 2009

sensual
Cuando la veo
siento una descarga de energía
que empieza en el pecho y baja rápidamente
ardo por dentro, me quema el deseo

Mi mente se anula en pocos segundos
no puedo pensar, no me salen las palabras
trato de recuperar mi permanente serenidad
pero es inútil, mi cuerpo tiembla

Siento un torbellino sexual
se desata una batalla en mi interior
lo racional contra lo animal
luchan por tomar el control

La imaginación suele ganar el primer asalto sensuality
y como flashes aparecen imágenes y escenas
que descubren tu indescriptible belleza
mientras la energía me golpea sin piedad

Vuelta a la realidad, leve hormigueo
trato de acercame con tímidas palabras
quiero saberlo todo de ti en un instante
pero hoy sólo podré conocerte un poquito más

Te marchas, subes las escaleras
y te devuelvo a mi altar imaginario
esculpida con curvas de locura
preciosa, perfecta, inalcanzable

Sueño con compartir mi desbordante energía
esparciéndola con caricias en un abrazo desnudo
compartir el hormigueo susurrando a tu cuerpo
gracias por estar aquí, conmigo


Los fans salen a la calle

6 Mayo 2009

El Barça ha vuelto a ganar y sus fans han vuelto a salir a la calle a mostrar su alegría.
Paseo por la ciudad rodeado de ruido. Claxons y gritos inundan la calle. Veo caras sonrientes, su equipo ha ganado y eso les llena de satisfacción.
Pero la historia de la humanidad está llena de fans… que sin darse cuenta se convirtieron en fanáticos… y acabaron abrazando el fanatismo.
La alegría de los primeros minutos ha dejado paso a los gritos, insultos, a las peleas y a los golpes…

Amigos del deporte, ¿cuando aprenderéis que se puede ser fan y disfrutar de las victorias de vuestro equipo sin comportarse como salvajes?, ¿cuando os daréis cuenta que cuanto más os acercais al fanatismo más os alejais de ser seres humanos?

hooligan

Actualización – Y no me invento nada: 20minutos


Compact

4 Mayo 2009

Corría el año 2012, recién estrenada la Era de Acuario, el hombre iba a cometer una nueva atrocidad, digna de entrar en la lista de ACTOS QUE JAMAS DEBERIAN COMETERSE.
El Dr. William Walt Wolfstein tenía una familia modélica, formada por su bella y encantadora mujer Lilian, su preciosa hija Sarah y un perro, el único que no llevaba su sangre, pero como si lo hiciera. Stud era un pastor alemán que durante los doce años que vivió, prestó a sus amos protección, cariño y compañía. A su muerte, toda la familia quedó desolada, tanto por el amor que sentían por el animal como por lo inesperado de su muerte. Una lluviosa mañana de otoño Stud apareció muerto en la carretera, tumbado de forma aparatosa y sobre un enorme charco de sangre que la lluvia se encargó de esparcir por todo el asfalto. No sufrió, el golpe fue severo y su muerte instantánea, pero eso no ayudó mucho a la familia, quienes eran incapaces de asimilar su marcha.
Acostumbrados a vivir con la inseparable compañía de Stud, el Dr. Walt empezó a estudiar la opción de la disecar al animal. Sarah no paraba de llorar y tal vez si tenía acceso al perro, aunque fuera a modo de estatua, se calmaría. A la niña pareció hacerle gracia la idea. Tenía una muñeca llamada Sew que según la posición que estaba decía unas frases u otras. Además incorporaba un mecanismo de reconocimiento facial que le permitía escoger una frase en relación a la persona que tuviera delante. Pero lo que más le gustaba a Sarah de esa muñeca eran sus ojos, de una expresividad increíble para ser sólo un juguete y de su capacidad de seguirte con la mirada, allá donde fueras. Le gustaba colocar a Sew en el escritorio, de forma que tuviera acceso visual a toda su habitación. Y cuando Sarah se movía, Sew la seguía con los ojos moviendo la cabeza si era necesario, aunque con un límite, tampoco era cuestión de añadir un toque demoníaco a la muñeca.
Así pues, con la idea de aliviar el dolor a su hija y no renunciar completamente a Stud, el Dr. Walt empezó a trabajar en una nueva forma de disecación animal.
Dada la abultada experiencia que el Dr. Walt tenía en la medicina forense, no tardó mucho tiempo en obrar el milagro. En tan solo un mes de duro trabajo, consiguió disecar a Stud y mantener intacta su capacidad ocular, permitiéndole mover los ojos y pestañear. Tal atrocidad llenó de sosiego y tranquilidad a su amada hija, la cual podía seguir acariciando a su querido perro y sentirlo vivo gracias a su atenta mirada, igual que Sew. Incluso se le ocurrió subir a la muñeca a lomos de Stud, así eran cuatro los ojos que la observaban. Pero no contento con tal aberración, el Dr. Walt decidió publicar su trabajo en una prestigiosa revista de ciencia.
El mundo enteró conoció la existencia de Stud, el perro muerto pero no tanto, y la comunidad científica empezó a hacer preguntas. Los abogados del Dr. Walt le recomendaron patentar el invento, cuya fama empezaba a llamar al dinero de forma alarmante. El trabajo realizado sobre Stud fue bautizado como Compact.
Compact era una disecación como otra cualquiera, solo que la parte del cerebro que controla la visión se mantenía activa. El Dr. Walt incorporó un conducto que comunicaba el exterior con el cerebro, a través del cual inyectaba un suero que mantenía vivo ese trozo en particular y alimentaba a los ojos.
Un año más tarde, la humanidad cometía el error de convertir el Compact en algo habitual, enterrar a tu mascota ya no se llevaba, lo más cool era tenerlo en el salón, tieso pero atento a tus movimientos, con su despierta mirada siguiéndote como lo hacia antes de que falleciera.
La Era de Acuario prometía hacernos más humanos, pero todo parecía indicar lo contrario.

Obviamente hubo un colectivo, basado en creencias religiosas y con un mínimo de sentido común, que se opuso firmemente al nuevo entretenimiento post mórtem, pero las empresas farmacéuticas generaban tal cantidad de dinero y tenían tanto poder, que no fue complicado ganarse el favor de los políticos, los cuales aprobaron el proyecto Compact rápidamente. Se crearon nuevos centros veterinarios con el Compact como mayor reclamo. Disecar a tu mascota con el método del Dr. Walt no era barato, costaba mucho dinero y sólo las familias mejor situadas podían permitírselo, pero con la llegada de esos nuevos centros, se abrieron nuevas posibilidades de financiación, y Compact llegó a todo el mundo. Al comprar un animal en un centro Compact, podías empezar a pagar su posterior disecación en cómodos plazos, como antiguamente había hecho el ser humano con los servicios funerarios.
Pero como el resto de cosas en esta era de prisas, todo pasa muy rápidamente y tras seis años del renacimiento de Stud, la empresa que el Dr. Walt fundó para el estudio y perfeccionamiento del método Compact, Stud Walt Corporation, empezó a ampliar horizontes.

Cuando parecía que el ser humano no podía hacerla más gorda, a un lumbreras podrido de dinero se le ocurrió que podía aplicar el Compact a su recién fallecido padre, el Sr. Wallace McNulty. Se puso en contacto con la corporación Stud Walt y con un cheque de incontables ceros sobre la mesa, propuso el primer Compact humano.
Y a modo de inauguración del año 2020, número simpático donde los haya, y tras superar un sinfín de obstáculos éticos y financieros (hubo que untar a mucha gente), el honorable Sr. Wallace McNulty fue trasladado a su mansión, vestido con su traje preferido, sentado en su silla preferida y con un puro de su marca preferida entre los dedos. Y allí iba a quedarse por muchos años más, muerto, disecado y con los ojitos moviéndose como el primer día. Sus nietos y bisnietos podrán disfrutar del abuelito Wallace siempre que lo deseen, incluso sentarse en sus rodillas a leer, a ver la tele o a comerse la merienda en compañía del yayo. Todo gracias a la maravilla del Compact.
Tan solo debían recordar inyectarle el suero por el agujero del cráneo cada noche, antes de ir a dormir, como quien da de comer a los peces.

Año 2024, toda causa tiene su efecto.
Silenciosamente, sin olor, sin color, se fue propagando por todo el planeta. Nadie lo percibió, pero un invisible gas se escapaba de todo aquel animal o ser humano que hubiera sido tratado con el método Compact. El suero que se inyectaba a través del conducto craneal provocaba una reacción en el cerebro (o lo que quedaba de él), y pasado un tiempo empezaba a desprender un gas imperceptible. A medida que los Compact crecían en número, el gas se extendía con mayor celeridad. Habían pasado ya doce años desde que la pequeña Sarah dejara de llorar la muerte de su querido Stud, y el gas había llegado a meterse en todas las cosechas y animales del planeta. Poco a poco se fue gestando un nuevo y letal virus provocado por el gas, que en cuestión de meses acabaría con todo ser vivo. La primera versión del virus fue encontrada en los guisantes. Una vez instalado en el ser humano, fue mutando a versiones cada vez más agresivas y a una velocidad incontrolable, fue diezmando la vida terrestre. Plantas, animales, hombres… todo perecía bajo el contagio de la mutación.
Nada se pudo hacer, el virus había nacido de la última de las atrocidades del ser humano, y con él acabaría todo. No tendríamos una segunda oportunidad, no cabría la posibilidad de remediar el mal ocasionado, no habrían más barbaridades que cometer, puesto que no quedaba nada vivo en el planeta.

Tal vez, siglos más tarde, otra especie habitará la Tierra y estudiará, tal y como hicimos con Marte, si algún día hubo vida en el planeta.
Sí, la hubo, pero la codicia, la avaricia, la falta de ética y el egoísmo de la humanidad la destruyó completamente.
Jugamos a ser dioses, y ya no hubo con quien jugar…

desolacion


Ministros y cultura

3 Mayo 2009

En la web El otro lado han colgado un par de vídeos sobre las primeras comparecencias en los plenos del Congreso y el Senado de la nueva Ministra de Cultura, Ángeles González Sinde.
Me han chocado dos cosas, y ninguna tiene que ver con la cultura ni con la ministra.
La primera es que las cuatro participaciones que se ven me recuerdan a los tiempos de EGB, cuando el profesor nos hacía leer la lección a toda la clase, uno o dos párrafos cada uno. Miro los vídeos y no veo nadie que de un discurso mental, sabiendo lo que dice porque se lo cree y es lo que piensa. Todos leen… como cuando iban a EGB, como si estuvieran ensayando una obra de teatro, pero encima sin ganas.
El otro punto que me ha llamado la atención, aunque no sorprendido, es el reducido número de personas en el pleno del Congreso (en el segundo vídeo), que de pleno no tenía nada.
Tendrían cosas más urgentes que hacer… digo yo.

Creo sinceramente que el trabajo de un ministro no tiene que ser nada fácil, hay mucho trabajo y mucha responsabilidad detrás de él, pero hay veces que… me asaltan dudas.


Acabo de tener un sueño

27 Abril 2009

Son las 5 de la mañana, me acabo de despertar de un sueño raro, fascinante y precioso.

Estaba cumpliendo el servicio militar. Con cierta dificultad para encontrar mi petate con la ropa, finalmente conseguía vestirme y prepararme para una salido en moto. No sabía donde íbamos ni para qué, sólo que debía seguir a la moto de delante. Llovía, pero los inmensos pneumáticos de la moto del ejército me daban mucha seguridad. Salimos del cuartel a toda prisa, secando la carretera a nuestro paso y conduciendo de una manera casi temeraria. En más de una vez tuve que hacer una maniobra arriesgada para poder seguir a mi compañero, quien sabía perfectamente a donde se dirigía. Cogimos una salida de la autopista para entrar en un pueblo. Callejeando entre estrechas calles con aquellas enormes motos nos adentramos en la parte más tranquila del pueblo. Al detenernos, recordé aquel sitio. Había un bar donde alguna vez me paré a tomar algo… Y de repente el sueño cambió de rumbo. Ya no estaba vestido de caqui, ya no seguía a nadie, ahora estaba haciendo una ruta en moto visitando lugares que conocí durante la mili. Lo curioso es que el viaje era un viaje a ciegas, no sabía a donde iba hasta que, a falta de una manzana, recordaba a donde me dirigía. Y era genial… poco antes de llegar ya empezaba a recordar detalles, los adoquines de la calle, esa tienda de la esquina, incluso la luz colándose entre las esquinas, todo me era familiar. Mi última parada era un bar de un pueblecito encantador. Hacía esquina y tenía unas mesas en la terraza. Recordé haber estado allí antes, y la sensación del reencuentro fue muy gratificante. Seguí caminando por el porche, atravesando la hilera de mesas, y a medida que dejaba atrás el bar me envolvía una paz muy especial, un silencio mágico. En la esquina este del bar había un jardín precioso, lleno de flores de mil colores.

Y allí estaba Merche, justo en medio, con los brazos extendidos como si quisiera fundirse con las flores. Abrió los ojos, me miró y gritó:
- Corre, ven, prueba esto!!! Pon los brazos así, es increible!!!
Tenía sus manos llenas de insectos, moscas, abejas, hormigas… Me acerqué muy despacio sin parar de mirarla. Tenía un aspecto muy juvenil, no más de 20 años, todavía faltaban unos 10 años para que nos viéramos por primera vez en mis clases de inglés, pero allí estaba, hablándome como si me conociera de toda la vida… Me acerqué a ella con los brazos extendidos, sitiendo la caricia de las flores en mis manos, escuchando el viento que las agitaba suavemente, disfrutando del placer de cada paso en aquel maravilloso lugar…

Y desperté. Jamás conducí una moto en la mili, ni visité ningún pueblo de los que había visto en el sueño, ni recuerdo el bar bajo el porche y el parque lleno de flores. Hacía tan solo unos segundos todo eso era un recuerdo claro, lleno de detalles y que evocaba momentos pasados de mi vida… pero ahora me pregunto… ¿de qué vida?

Es realmente fascinante tener un sueño de este tipo. No es el primero que tengo, pero siempre me sorprenden. Sueño algo muy preciso, tan preciso que si no hubiera estado ahí, no tendría tanta información sobre ello, pero al despertar, me doy cuenta que nunca he estado en ese lugar. Y mi sueño se convierte en el recuerdo de un recuerdo de alguien que no soy yo.

flores


Simples placeres

25 Abril 2009

Actualmente vivo en un piso pequeño pero muy, muy acogedor. Tiene una pequeña terraza con suficiente espacio para una mesita y dos sillas, un baul y un tendedero Antonius (otro genial invento de IKEA).

Como me instalé en pleno invierno, pasaron los meses y la terraza y yo apenas nos conocimos. Pero… todo acaba, y ya tenemos aquí la primavera, con esa perfecta temperatura que sólo ella y las primeras semanas de otoño nos proporcionan.
Un domingo que no tenía planes de salir de casa, decidí prepararme algo de comer y disfrutar de las horas del mediodía en la terraza. Una ensalada, un vaso de agua, un poco de música y algo para leer (una revista quincenal de informática, no tenía nada más a mano) llenaron mi primera comida ‘al aire libre’.

Me gustó, y mucho. Al ser domingo la calle respiraba silencio y tranquilidad. Tras la comida pude incluso alargar mi estancia tomando el sol, al menos media hora más.

Desde entonces, siempre que me es posible, aprovecho los fines de semana para comer en mi terracita, cada vez en mejor compañía: semanas atrás añadí un buen vino tinto a la comida y la preciosa música del último álbum de John Me. Y dado que por el momento, no hay vistas de compartir esos momentos con otra persona, que mejor acompañamiento que una buena lectura. Hoy he comprado un par de libros, Amarse con los ojos abiertos, de Jorge Bucay, y La crisis ninja, de Leopoldo Abadía. He empezado por éste último y me encanta, usa un lenguaje sencillo y cercano para hacernos llegar algo tan complejo como la economía mundial, que a mi, personalmente, se me atraganta como una rodaja de atún a la plancha, sin suquillo ni limón.

Esto es, en definitiva, un ejemplo más de los pequeños placeres que nos ofrece esta maravillosa vida nuestra.

reading


El fuego del amor

13 Abril 2009

Se me olvidó avivar el fuego del amor.
Busco en el pasado revolviendo mis recuerdos y la veo a ella, avivando el fuego día a día, cargando ella sola con el peso del fuelle, mientras yo permanezco inmóvil, disfrutando del calorcito del amor que me envía, se está tan a gusto cuando te cuidan, cuando te quieren…

Se me olvidó avivar el fuego del amor… y acabó apagándose, mi dejadez la llevó hasta el agotamiento.
Al final sólo quedaron brasas, y andamos sobre ellas mientras nos separábamos, disfrutando los últimos días del calorcito de un amor consumido.

Recuerdo para no olvidar, para construir una mejor persona que en el futuro no cometa los mismos errores.
Se me olvidó avivar el fuego del amor… y no volverá a ocurrir.

fuego


Secretos

7 Abril 2009

Hace unos días estuve pensando en algo muy cotidiano de nuestras vidas y que nos ha acompañado desde muy pequeños. Eso que guardamos en el fondo de una caja o en lo más profundo de nuestro ser. Me refiero a los secretos.

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Nunca me había parado a pensar qué son, buscarles una definición más allá de la que encontramos en el diccionario. Y fue volviendo de una cena con unos amigos que hacía muchos años que no veia que me dió por pensar en los secretos. Habían pasado tantos años y hablamos tan poco… Fue una cena entretenida y me alegró mucho ver al antiguo grupo de amigos, con ellos he pasado tan buenos ratos… pero tuve la impresión de que todos callamos muchas cosas.

Y con eso me entretuve volviendo a casa, analizando porqué alguna vez nos callamos ciertas cosas, convirtiéndolas al final, en un secreto.
Sorprendentemente, no tardé en llegar a una conclusión. La teoria que elaboré dice:

Para que algo se convierta en secreto debe cumplir una de estas tres verdades:

1- No estamos preparados para contarlo
2- Nuestro oyente no está preparado para oirlo
3- No es el momento

No estamos preparados para contarlo
Por la razón que sea, nos avergüenza tremendamente contarlo y nos da lo mismo la reacción que tendrá el oyente, nadie debe enterarse. Con el tiempo, tal vez logremos asumir ese acto inefable y lleguemos a hacerlo público, pero por el momento, no estamos preparados para contarlo.

Nuestro oyente no está preparado para oirlo
Hemos asumido nuestro acto, lo hemos integrado como un episodio más de nuestra vida y no nos avergüenza contarlo, tenemos plena confianza en nosotros mismos y si hay que soltarlo en una cena de treinta comensales, se suelta. No hay nada más sano que reirse de uno mismo.
Pero, ¿y los demás?, ¿estarán preparados para oirlo? En este caso debemos valorar si el oyente está abierto a una narración de tal magnitud, si será capaz de entender lo que vamos a explicar sin elaborar un juicio rápido, equivocado y cruel hacia nuestra persona. Analicemos al oyente y decidamos si contarlo o convertirlo en un secreto. Porque en este punto lo importante no es nuestra reacción, si no la de los demás. De nada sirve contar nuestra experiencia con suma naturalidad si luego el oyente se va a escandalizar ante lo narrado. Incluso esa naturalidad mostrada puede irritarle aun más, llevándole a un aturdimiento total que no le permita ver los hechos con claridad y conduciéndole irremediablemente al juicio erróneo antes comentado.

No es el momento
Ya no es una cuestión de valor moral ni si el oyente aceptará nuestra historia, es una simple cuestión temporal. Estamos seguros de querer contarlo y convencidos que será bien recibido, pero ahora no es el momento. Escogeremos otro día, premeditado, y que aportará mayor impacto a la notícia. Mientras, será nuestro secreto.

Queda claro entonces, que estas tres verdades no se aplican de forma global. Cada persona es un mundo y deberemos aplicarlas individualmente. ¿Quien no le ha contado algo a su hermano y se lo ha callado a sus padres? Nosotros decidiremos en base a esas tres simples reglas si nuestra historia permanece en obsoluto secreto, si la dosificamos o la posponemos hasta un momento más propicio.

secreto